CORAZÓN SALVAJE, BARRY GIFFORD
No hace demasiado un reel se hizo viral en redes sociales. Una chica compartía su reflexión sobre el capitalismo en la lectura. No le faltaba razón. ¿No has leído tal o cual fenómeno de varias ediciones en pocas horas? ¿Cómo es posible que no conozcas ese autor? Los influencers de libros comparten sus pilas de libros leídos en las últimas semanas, en los últimos días. Leemos presa de la ansiedad. No hemos terminado de disfrutar un texto, deseamos los colores de las tapas de otros. Más y más. Queremos más y más. Cada vez más rápido. Y por si fuese poco con el canibalismo lector que rigen en las novedades, a veces las editoriales extraen de un cajón la ouija y traen de vuelta libros muertos.
Barry Gifford fue un autor de gran popularidad en los años 90. Algunas de sus obras tuvieron su correspondiente adaptación cinematográfica. David Lynch, Laura Dern, Nicolas Cage, Willem Dafoe, Isabella Rossellini, Alex de la Iglesia, Rosie Perez, Javier Bardem. Son algunos de los nombres vinculados a las películas.
Un rey diferente tomó su trono. Salvo en librerías de viejo, era imposible hacerse con algunos de sus títulos.
En este contexto, Dirty Works se lanza el triple. Lanza la publicación de la saga completa de la saga de Sailor y Lula, compuesta por la friolera de 8 volúmenes. Una cadena literaria para desarrollar un tiempo y sus consiguientes evoluciones sociales.
El primer de ellos fue publicado como la historia de Sailor y Lula. Ahora es renombrado como Corazón salvaje, el título de la adaptación cinematográfica. No lo puedo ocultar. Lo he leído como un influencer rabioso. Apenas me ha durado un fin de semana. La descomposición en pequeños capítulos, algunos apenas de 2 páginas, ha actuado como combustible. Siempre podía y quería un poco más. Pero más allá de la comodidad del texto, he descubierto en Corazón salvaje una obra inteligente, divertida y sexual.
Sailor y Lula componen la pareja de estereotipos más usuales del género negro. Él, expresidiario. Ella, hija rebelde de familia acomodada. El punto de partida no podría ser más previsible: se enamoran y huyen ante el rechazo de la familia de Lula a la relación de pareja. Lo que podría haber sido un mar de bostezos se presenta como una obra que deleita el paladar del lector. Y lo hace por una sencilla razón. Gifford olvida la trama. Los diálogos offtopic de la pareja. Los relatos de los personajes secundarios. La huida de la pareja no es más que una coartada, una excusa para contar lo que verdaderamente palpitaba en el corazón del autor.
Creo que la próxima vez que pise una librería Perdita Durango, la continuación en la saga, se vendrá conmigo.
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