DRUGSTORE COWBOY, JAMES FOGLE

A estas alturas todos conocemos el contenido y las pretensiones de la colección Al margen de Sajalin. Obras en muchos casos no publicadas en España o desapercibidas u olvidadas, sobre individuos (casi siempre masculinos) duros, que viven al margen de lo establecido como correcto y que no les suele ir demasiado bien. Si existe un aspecto que me maravilla de la editorial es que, a pesar de esta aura de vidas contra norma, es la capa de reflexión y análisis de la sociedad que sus obras contienen más allá de las premisas habituales del género. Pienso, cómo no, en Edward Bunker y sus derivas foucaultianas, en Chris Offutt y sus análisis antropológicos de una región olvidada en la inmensidad de EEUU, en Vern E. Smith y sus reflexiones de los bucles infinitos de los guetos de negros. Drugstore cowboy adolece de esta capa más profunda. Si acaso la pretensión de dignificar a los parias sociales que fueron los adictos a la aguja en los años 70. Individuos que caminaban por el filo de la aguja que tarde o temprano acababa por devorarlos. Relata —a las mil maravillas— la vida de los yonquis que sobreviven del asalto a las farmacias. Es por lo tanto una obra que engarza con la vida de los ladrones de estupefacientes que consumen. Vivir para consumir hasta que tarde o temprano la policía dé con ellos. Se trata de una banda que se alimenta de las experiencias propias de James Flogle. Adicto y ladrón, Fogle pasó más de la mitad de su vida entre rejas. Una experiencia vital que comparte con otros “sajalines” como Edward Bunker o Noel “razor” Smith. Tal como ellos, hizo uso de los periodos de privación de libertad para escribir diversas obras, de las que solo drugstore cowboy llegaría a publicarse tras el éxito de la versión cinematográfica, dirigida por Gus Van Sant y protagonizada por Matt Dillon. James Fogle falleció con 75 años en prisión donde cumplía condena por el atraco a una farmacia perpetrado en 2010. El que yonqui vive como yonqui muere.

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