LO ÚNICO QUE INTERESA A LA GENTE, FRANCOIS BLAIS
Una versión simplista podría afirmar que Lo único que interesa a la gente es una versión 2.0 de las historias de Asimov. Prolífico como pocos autores, Isaac Asimov fue autor de dos sagas que cambiaron la concepción de la propia ciencia ficción. La saga de Fundación y la de los robots. En los estudios de robótica actuales se siguen estudiando las leyes de Asimov de protección del ser humano. La mayoría de sus obras repiten un idéntico patrón. Una trama detectivesca en un contexto de adelantos científicos. Motivos por los cuales los textos de Asimov resultan tan estimulantes a la par que adictivos.
Encontramos ecos de Asimov en Lo único que interesa a la gente. Hay una trama detectivesca. Hay adelantos científicos que sobrepasan nuestra capacidad actual. En un futuro lejano un individuo de alto poder adquisitivo puede permitirse la posesión de un androide de apariencia femenina (genoide sería un término más acertado). El algoritmo que ejerce de inteligencia artificial de los genoides en no pocos casos se desarrolla hasta alcanzar un grado de sintienza que legalmente las hace considerarlas seres humanos. En esta tesitura es en la que interviene el personaje principal. Un investigador que deberá valorar si un genoide que da muestras de haber desarrollado el sentido del humor ha dejado de ser un objeto y debe ser tenido en cuenta como ser humano. Efectivamente, no solo bebe de Asimov, sino también de Philip K. Dick.
Los debates morales, intelectuales y metafísicos que Lo único que interesa a la gente están a la altura del mejor Asimov. Sin embargo, Blaise es hijo de su tiempo, tal como Asimov lo fue. A los habituales conflictos filosóficos incorpora un aspecto que no solo no era tenido en cuenta en la mayoría de obras clásicas, sino que por repetir un patrón diferente se fomentaba un ideario opuesto. Lo único que interesa a la gente tiene un marcado análisis de género. Muy en la línea de Ursula K. Le Guin, plantea dilemas que pondrán en jaque los cimientos del patriarcado.
Es por tanto una obra que no solo resulta estimulante desde el punto de vista del entretenimiento, como sucede con gran parte de la ciencia ficción, sino que, como las mejores obras de nicho, emplea un contexto para profundizar en cuestiones que son de absoluta relevancia.
No pretendo caer en un revisionismo estéril. Asimov es uno de los mejores autores de su generación. Sin embargo, en la lectura de El fin de la eternidad, una de sus obras más reconocidas, mis ojos de 2025 no pudieron más que sentir cierto chirrido ante determinadas situaciones y circunstancias que no eran más que replicar el papel de la mujer en la sociedad de la década de los 50 del siglo pasado. Han transcurrido 75 años. Aunque los avances científicos no hayan alcanzado las expectativas de aquella época, afortunadamente en materia de género el presente es mejor que el que planteaban los textos de la época.
Existe una obra que plantea puntos en común con lo referido hasta el momento. Adelantos científicos y un debate intelectual y psicológico. Un proyecto por el que se pretende dotar de una inteligencia muy por encima de la media a un individuo afectado de una discapacidad intelectual moderada. Daniel Keyes es el psicólogo que firma Flores para Algernon. Una obra de ciencia ficción que, como sucede con buena parte de los episodios de black mirror, transcienden el límite del usuario habitual del género.
Quizá no guarde grandes similitudes temáticas, pero a la hora de pensar en una obra audiovisual que comparar —y no caer en las habituales— se me ha venido a la cabeza la extraordinaria Separación. No existen androides ni IA. Pero sí un futuro distópico en el que los derechos laborales sufren la más perversa alienación.
Existe una banda de metal cuyas letras y sonido tienen una profundo inspiración en el mundo futurista. Hay muchísimos temas que podría recomendar. Por la temática vamos a quedarnos con Unnutural selection, Ayreon.
https://www.youtube.com/watch?v=hyx5M0qgRGg&list=RDhyx5M0qgRGg&start_radio=1
Por último, corresponde hacer una mención especial al autor. Françoise Blais fue un prometedor autor. Se suicidó poco después de la publicación de la obra. Tenía 49 y una muy interesante carrera literaria por delante. No es de sorprender el nihilismo y desolación que impregna una parte importante de este texto.
Nos vemos la semana que viene con otros libros otras historias

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