LAS GRATITUDES, DELPHINE DE VIGAN
Mi primera incursión en De Vigan fue con Nada se opone a la noche. El título, la portada, el tema. Sentía una especial atracción por el libro aun antes de desplegar sus páginas. La lectura resultó inmejorable. Me descubrió una autora fascinante en varios aspectos. Su narrativa y la sensibilidad con la que se aproxima a un tema de calado y dolor como es el suicidio, especialmente, cuando se trata de su propia madre. De Vigan se sirve de la autoficción para desarrollar la propia historia de su madre, los demonios que cobijó durante demasiado tiempo y que desembocaron en el trágico final.
Las gratitudes deja a un lado el relato de autoficción. Es ficción a secas. Se trata de una de esas obras mentirosas. El libro en las manos nos podría dar a entender su delgadez. Sin embargo, su contenido desborda sus propias páginas. Sus efectos quedan más allá de la propia lectura del texto.
Michka Seld es una anciana. En su juventud fue una mujer culta, de letras. Hoy, sin embargo, es una anciana que no puede valerse por sí misma. A los achaques físicos propios de la edad. Suma afasia. Su cerebro no encuentra las palabras para expresarse.
La narración es bifocal. Michka se relaciona con Marie, la hija de una vecina que tiene con ella una cuenta de gratitud y Jerome, el logopeda que trata de encontrar el hilo de las palabras perdidas.
Las gratitudes es una obra de nuestro tiempo. Trata con una ternura y sensibilidad especial temas tan candentes como la senectud, la incapacidad, la memoria, el olvido. Y aunque infrinja heridas, su tono, su especial cuidado permiten que el lector sobreviva al texto. No pretende hurgar en heridas. Al contrario, al contrario que su personaje principal, quiere ponerle nombre lo que nuestra sociedad convierte en un tabú: el transcurso del tiempo y sus efectos.
Pero más que eso es un texto con un marcado carácter positivo. Ya que la enfermedad y la muerte llegarán de forma inevitable, valoremos todo lo que nuestros mayores han hecho por nosotros. Quizá en esta simple idea subyace la génesis de la obra.
Las dificultades en el habla que sufre Michka me trajeron a la memoria los pasajes iniciales de una obra de ciencia ficción que merece ser leída por todo aquel que en algún momento llegue a asegurar que no le gusta el género. Flores para Algernon es una obra sobre las dificultades de los enfermos mentales y discapacitados.
La vejez tiene un lugar preponderante en la literatura. No en vano, algunos de las novelas más importantes de nuestra modernidad abarcan el inexorable paso del tiempo.
Hemingway en El viejo y el mar narra a través de un hombre mayor la lucha del hombre contra el animal que, como sucede con la ballena blanca, podría ser metáfora de conceptos más hondos.
Gabriel García Márquez convierte en novela la historia de amor de sus padres en El amor en los tiempos de cólera. Una obra que se desarrolla durante décadas en lo que sin duda es un homenaje al amor constante, pero también a la vejez.
Un libro que las generaciones actuales parecen haber olvidado es La sonrisa etrusca de José Luis Sampedro. Como la mayoría de los textos que se centran en la vejez contiene sus hojas afiladas, pero la aportación a la dignidad que hace Sampedro la hace merecedora de un papel más reconocido en las letras actuales.
Una visión más contemporánea de la vejez nos la aporta la novela gráfica de Paco Roca, Arrugas. Emilio es un antiguo ejecutivo bancario que es ingresado en una residencia debido a un brote de la enfermedad de Alzheimer que sufre. Con ciertos paralelismos a Las gratitudes, Arrugas desarrolla la vida en la residencia, la camaradería entre los residentes. La visión y sensibilidad de Paco Roca convierten a Arrugas en una obra inolvidable.
Gracias a De Vigan por esta maravilla.


Comentarios
Publicar un comentario