Middlesex
está considerada una de las grandes obras de una de las voces más
reconocidas de su generación. Ésta es mi primera gran lectura de
Eugenides y posiblemente
hasta que no transcurra un tiempo considerable no volveré a retomarlo.
La
obra empieza de forma excelente. La escritura de Eugenides es prístina.
La historia entusiasma. La historia del personaje principal, un joven
hermafrodita,
se inicia con la narración de sus abuelos. De procedencia genética este
inicio cobra sentido. Probablemente, el exilio de los griegos que
vivían el territorio de la actual Turquía es la más apasionante. El
lector asiste a una serie de ritos y costumbres que
resultan enriquecedoras.
Sin
embargo, conforme la narración avanza y la familia se encuentra en
Detroit nos encontramos con un abuso del recurso de deus ex machina.
Demasiados tics
en la narración más propios de best sellers, que de un autor como
Eugenides. La palabra que marca el destino es la planicie. Planos son
los personajes, plana es la historia cuando abandona la península de
Anatolia, plano es el interés que nos despierta el
personaje narrador y hermafroita. Lo cual, sorprende. Tenemos un
bólido, un coche de carreras pero que no deja de ir a la velocidad de
las zonas residenciales.
Volveré a dar alguna oportunidad a su autor. He leído grandes relatos suyos. Quizá no era la obra adecuada.
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